Nota del mes - Ciencias 1 Biología

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Robis

Ciencias 1 Biología
Teper vive en Andobia, es un lugar muy famoso debido a la gran diversidad de vida en sus bosques. Como biólogo viaja a distintos lugares de su país, es supervisor de manejo de bosques, le gusta demasiado su trabajo y se caracteriza por realizarlo a la perfección.  Ser tan responsable tuvo su origen cierta ocasión, cuando  en sus primeros trabajos le fue asignado el Bosque Negro, un bosque con abundante vegetación y plantas y animales  majestuosos y sorprendentes, pero poco visitado debido a que algunas de sus especies son sumamente delicadas o de mucho cuidado, como la enredadera Silacantha, que tiene tallos que se enredan a su objetivo en cuestión de segundos, o el ave Tori de gran tamaño cuyo plumaje traslúcido la hace invisible y puedes chocar con ella sin darte cuenta, al parecer a ella le gusta que las personas choquen contra su cuerpo suave y salgan rebotadas por lo que el ave lanza un graznido que parece una risa traviesa.
 
Antes del viaje los supervisores deben empacar varios instrumentos y en el caso del bosque negro un botiquín especial para neutralizar las situaciones que se pueden presentar con tan únicas especies. En aquella ocasión Teper revisó la lista de materiales y uno que no debe faltar es la loción de urticas, para evitar a los robis, el biólogo recordó que esos seres generaban graves problemas, así que fue lo primero que puso en su mochila. Tomó su vehículo y se encaminó al bosque donde se encontraría con sus compañeros para realizar la inspección.
Cuando llegó a los límites del Bosque Negro pudo ver a los lejos una manada de hermosos tapis, que trataban de liberar a uno de ellos ya que había quedado atorado entre varias ramas de un árbol caído. Teper  no dudó ni un momento y sacó rápidamente las herramientas para auxiliar al tapi.
 
Se acercó a los animales que se hicieron a un lado y observaron atentos cómo Teper laboraba en la liberación de su compañero de manada, sin embargo por la urgencia olvidó aplicarse la loción de urticas y cuando estaba a punto de terminar con su rescaté escuchó un rechinido y un revoloteo de aves que se alejaban espantadas, los tapis se agitaron incluso el que estaba atrapado forcejeó y terminó por liberarse, para después huir junto con sus compañeros. Teper sintió un peso sobre su hombro derecho y luego sobre su brazo, pero después de unos segundos ya no sintió nada, miro su hombro, su brazo y a su alrededor pero no vio nada extraño. Levantó el material y se dirigió al vehículo, se sintió un poco confundido y nervioso, por lo que sólo aventó las herramientas a su lado y empezó a avanzar. El nerviosismo se fue y de repente se sintió muy bien, estaba relajado y se sentía muy, muy feliz. Cantó todo el tiempo mientras conducía y llegó a su casa, ésta era pequeña y acogedora, con vegetación abundante en el patio.  Se tiró en la cama y durmió.
Al amanecer, el rugir de su estómago le despertó, tenía mucha hambre, así que se levantó y comió como nunca. Alguien tocó el timbre de su casa con insistencia, era la señora Dula su  vecina y se veía molesta. Por lo que Teper no abrió, siguió comiendo mientras escuchaba a la vecina gritar:
 
-Señor Teper, ¿cómo es posible que traiga un robi al vecindario? ¡Mis pobres perros están aterrados! ¡Salga para que le quite a ese condenado robi!
 
Teper no hizo caso, él estaba feliz por la deliciosa comida, así que se tiró panza arriba sobre el sillón y se puso a cantar.
 
El teléfono sonó varias veces y no hizo caso, lo apagó y salió al jardín y se ocultó entre las hierbas.
 
La vecina seguía ahí, mirándolo por entre los barrotes de la cerca, desesperada le gritó:
 
-¡Es cierto! ¡Trae un robi!
 
-¿Un robi? ¡Usted está loca! ¡Yo no traigo nada!
 
-¡Sí! ¡Claro que sí! Malvado animal peludo de ojos tiernos. Lo trae aferrado a su brazo. ¡Seguro que no lo siente! ¡Llamaré a Protección Viviente!
 
-¡Llame a quien guste! ¡Pero aléjese de mí!
 
Y  Teper siguió cantando.
 
La vecina se fue balbuceando cientos de palabras.
 
Teper sintió hambre nuevamente y buscó todo lo comestible de su casa, comió desesperadamente y durmió, pero nuevamente despertó por el sonido del timbre. La vecina había regresado y hablaba con otras personas.
 
-Revíselo y verá que trae al robi en el brazo.
 
Teper miró sus brazos, pero no vio nada, luego miró por el ojillo de la puerta y pudo ver a dos agentes con la insignia de Protección Viviente.
 
-Señor Teper, ¡ábranos o entraremos por la fuerza!
 
 
Teper no contestó.
 
-Señor Teper, necesitamos corroborar lo que dice su vecina. ¡Abra la puerta!
 
Teper se puso en cuclillas, pero su estómago le pidió comida.
 
-No tengo nada- gritó. Es la loca de la vecina que sólo quiere molestarme. ¡Vayanse!
 
-¡Aléjese de la puerta! Le gritaron los agentes
 
Teper se cubrió la cabeza y rodó lejos de la puerta, luego se escuchó un chasquido y la puerta de la entrada se abríó. Teper corrió a la cocina y se recargó en la puerta
 
Los agentes le dijeron
 
-¡Señor Teper, sólo queremos ayudarlo! Por favor no corra, le aplicaremos un sedante y le quitaremos al robi que trae aferrado a su hombro derecho.
 
-¿Están locos? ¿Yo no tengo nada? ¡Váyanse!
 
-Bueno intente quitárselo usted, sólo haga cosquillas en su brazo derecho, con eso se liberará.
 
-No tengo nada, yo no veo nada.
 
-Malvados robis, son tan sorprendentes y hambrientos. –dijo uno de los agentes.
 
- Ni modo, sólo algunas personas se dejan ayudar cuando traen un robi al que no pueden ver- dijo la vecina-, pero Teper no quiere ayuda, por favor actúen con rapidez, antes de que lo deje más delgado.
 
Teper se veía delgado, muy delgado, y sólo habían transcurrido algunas horas después del incidente del robi.
 
-Tenemos que encontrar a la madre de este pequeño robi hambriento, ya están investigando los sitios donde lo pudo adquirir. ¡Vamos empuja fuerte la puerta amigo! Dijo uno de los agentes.
 
Empujaron y Teper salió por la puerta trasera, pero le dispararon el tranquilizante y todo se le nubló.
 
 
Cuando abrió los ojos pudo ver al pequeño robi, parecido a un pequeño koala, peludo y de ojos tiernos dentro de una jaula.
 
-¡Un robi! ¡Qué hermoso! ¡Y que terrible! Es lo que me atacó en las orillas del bosque y luego no supe de mí.
 
-Es tan fácil quitarlos, ¡sólo hay que hacerles cosquillas en la panza! Lo imposible es convencer al portador de que lo trae consigo y de que le absorbe los nutrientes.
 
-¡Gracias vecina!   ¡Gracias agentes!
 
-No te preocupes. Mis queridos cachorros ya estarán tranquilos y no tendremos que usar la loción de urtica. ¡Huele terrible! Dijo la señora Dula.
 
-Ya localizaron a la madre del robi, llamaba con insistencia a su bebé, dijo el agente. ¿Quiere decirle algo a su pequeño amigo señor Teper?
 
-¡Adiós pequeño vicio!- dijo Teper.



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